La vida con risas es mejor: cómo favorecer el sentido del humor de los niños

La risa, más concretamente el sentido del humor, además de ser algo que proporciona alegría y bienestar tiene importantes implicaciones en el óptimo desarrollo emocional de nuestros hijos.

Beneficios para los niños de tener un buen sentido del humor

Los beneficios de un buen sentido del humor en los niños (y en los adultos) son innumerables. Algunos de ellos son:

  • Favorece el aprendizaje, según indica la APA (American Psychological Association)
  • Favorece el desarrollo de la creatividad.
  • Favorece una mejor autoestima.
  • Ayuda a tomar perspectiva y por tanto a gestionar mejor las emociones negativas o a tomar decisiones.
  • Disminuye el estrés.
  • Ayuda a hacer nuevos amigos (favorece la socialización).

El desarrollo del sentido del humor en niños

El sentido del humor no es algo con lo que nacemos “ya acabado” si no que se trata de algo que vamos desarrollando a medida que crecemos. Tenemos la capacidad, como la de andar o hablar, pero al igual que con ellas el paso del tiempo y la “ayudita” de los papis es clave para que alcance todo su potencial.

Sí, el humor va evolucionando: lo que para un bebé de 11 meses es la monda lironda puede ser el rollo más rollo para un niño de cuatro años, y ya si hablamos de adolescentes…

  • De recién nacido a los 6 meses: risas sin humor. Las primeras risas suelen ser por imitación y por el efecto contagio de la risa del adulto (responden a nuestra alegría). Un poco más adelante los bebés responden intensamente a los estímulos físicos: ruidos, cosquillitas… y esas monerías que les hacemos sin parar los adultos. Como aún no controlan mucho sus emociones y conducta es habitual que pasen de la risa a la risa histérica e incluso al llanto. ¿Te habías fijado en eso?
  • Entre los 6 y los 9 meses: el cucu-tras. En estos meses se desarrolla el sentido de permanencia del objeto, de ahí que les haga tanta gracia que nos tapemos la cara para luego aparecer de sorpresa. Uy, mamá ha desaparecido. Ah, no, ¡que está ahí! ¡Esto es la monda! Con papá y mamá y otras personas representativas se siguen partiendo de risa: es risa social.
  • Entre los 9 y los 12-15 meses ya tienen reglas establecidas sobre las cosas, cómo funcionan, dónde se ponen o qué rutinas seguimos con ellas, de ahí que el que, por ejemplo, papá intente “comerse” un zapato les haga gracia. Lo inesperado les sorprende, y eso les provoca risa. En esta etapa también comienzan con el humor físico, Puedo hacer ruidos, ¡qué divertido! y ahí los tienes, dando golpes con la cuchara como si no hubiera un mañana.
  • A partir de los 2 años: según van desarrollando el lenguaje éste pasa a formar parte de las fuentes del humor, los juegos de palabras, los sonidos de animales, etc. Siguen con lo físico: saltitos, bailes… Aquí ya entienden que pueden hacernos reír, y ponen todo su empeño en ello, se convierten en unos cómicos de cuidado.
  • Entre los 3 y los 4-5 años: lo visual, el humor en imágenes empieza a ser su favorito (libros, dibujos…), especialmente cuando hay incongruencias como un caballo que vaya montado en un carro y el carro lo lleve el granjero (¡es tan gracioso!). A esta edad empieza esa etapa tan maravillosa del humor escatológico: entramos en terreno caca-culo-pedo-pis y derivados (a todas horas, en todos los lugares, ¿verdad?).
  • Entre los 5 y los 7-8 años: el lenguaje es su herramienta, es la edad del chiste… y de las palabrotas. Y además en bucle: la gracia, para ellos (no para nosotros, sufridos padres) está en repetir las cosas una y otra vez, y otra y otra…

En cualquier caso ten en cuenta todo lo que tiene que ver con el desarrollo de los peques hemos de contemplarlo como arcos temporales aproximados, es decir, no todos los niños llegan a los mismos hitos al mismo tiempo, unos tendrán cosas de una etapa y cosas de otra… y eso no quiere decir que les pase nada malo. Como siempre, tranquilidad.

Cómo fomentar el sentido del humor en los niños

  • Con bebés: prácticamente desde las primeras semanas podemos empezar por hacerle cosquillas y esos ruiditos que sabemos infalibles para provocarles una carcajada. Como además es imposible no reír con ellos (te los quieres comer) nuestra risa les servirá de modelo y la imitarán, con lo cual entramos en un bucle maravilloso.
  • Primeros meses hasta el año: nadie te va a librar del cucu-tras, pero no te va a suponer ningún problema en cuanto le oigas reír. Deja volar tu imaginación y dale usos nuevos y locos a los objetos cotidianos: el bol del desayuno puede ser un elegante (y tronchante) sombrero, por ejemplo.
  • Lenguaje: a partir de los dos años, como decía, el lenguaje empieza a ser clave en el desarrollo del sentido del humor. Los juegos de palabras son fuente inagotable de risas: ¿un cocodrilo que se comporta raro? ¡Un cocodriloco! Y así todo el día…
  • Libros, cómics, películas…: afortunadamente hoy en día contamos con una cantidad ingente de material en el que el humor es pieza fundamental. ¿Ejemplos? Dos libros: Voy a comedte (a partir de 3-4 años) o La paloma necesita un baño (a partir de 4 años).
  • Sígueles la corriente: puede que los chistes que te cuente tu hijo no sean para llevarlos al club de la comedia pero para él son lo humor fino filipino, así que ríete con todas tus ganas.
  • Y por supuesto riéndonos mucho, tomándonos la vida con humor: como siempre os digo, somos los modelos de nuestros hijos así que si queremos que vean el lado divertido de la vida, si pretendemos que desarrollen un fino sentido del humor, lo mejor que podemos hacer es, precisamente, ser un poco niños y reírnos hasta de nuestra sombra. Como extra tiene que además reduciremos nuestro estrés y mejoraremos nuestro estado de ánimo: el humor son todo ventajas.

Además de todo lo dicho hay una máxima que siempre sigo: la vida con humor es mejor, así que.. ¡a reír!

 

 

bebesymas

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